¡Decapité a Barbie!

Sé muy bien que las loncheritas en el colegio son cosas del pasado, que ahora los niños miden su "poder" por quién tiene más dinero para comprarse "Chuculunes" en el quiosco de la esquina; sin embargo, cuando yo iba al colegio, lo común era llevar nuestra lonchera llena de stickeres de los Power Rangers y "sorprendernos" al ver lo que nuestras madres nos pusieron para el recreo.

Aquel día me levanté muy temprano, siempre lo hacía; y me fui al colegio sin pensar nunca en lo que iba a ocurrir después.

De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de lo  extremadamente irónico y, a la vez extraño, que resulta el levantarse de la cama, como todos los días, planificar lo que se va hacer, a dónde se tiene uno que ir, con quien hay que verse, ansiar que este será un día mejor, salir a la calle y enfrentarte al mundo para luego terminar muerto por estar en el lugar y momento equivocados.

Quizás ese día no morí, pero por poco y se hace realidad.

El recreo se jugaba en el segundo piso del colegio, el cual estaba a medio construir: Habían muchas habitaciones sin terminar, el piso era de concreto y las paredes de ladrillos; creo que había un árbol de higo que se asomaba desde la casa del costado y unas escaleras sin baranda que terminaban en una puerta hacia la calle.

No sé por qué, pero ese día corrí por alguna razón; quizás porque jugaba al lobo feroz o porque me alucinaba Liveman; lo hice con tanta felicidad que no medí bien mis pasos y me caí por las escaleras.

Al final había un pequeño descanso, allí solían jugar algunas niñas a la casita, la cocinita, el burdelito y esas  mariconaditas. Cuando me desperté, había aterrizado sobre su mesita, decapitado una Barbie, y destruido una teterita.

"No pasó nada, no pasó nada..." fue lo único que pude pronunciar antes de quedar desmayado.

Me es imposible recordar qué pasó después, tengo imágenes fugaces de mi profesora (sí, a la que le veía el sostén), de algunos amigos y amigas (incluyo a la del calzón amarillo) y de mi madre, pero nada concreto...

A diferencia de mucha gente que quizás relacione el seguir vivo después del aparatoso accidente con un acto divino, esto me hace cimentar más mi teoría de que uno no muere hasta que el destino no lo decida...

¡Pónganse a pensar! hay mucha gente que sobrevive a accidentes casi imposibles; y hay otras tantas que se mueren con una simple caída de la cama.

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